INFANCIA REFUGIADA

Las guerras afectan actualmente a más de 420 millones de niños y niñas en todo el mundo, llenando sus vidas de miedo, inseguridad y, en muchos casos, de desplazamiento forzoso. Cerca de 40 millones ya se han visto obligados a abandonar su hogar, su familia y su escuela para salvar sus vidas.

Junto a nuestras organizaciones socias, como el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS, por sus siglas en inglés) trabajamos en países como República Centroafricana, R. D. del Congo, Ucrania, Líbano, Tanzania o Colombia para proteger la infancia, para asegurar que estos niños y niñas cuenten con un espacio seguro en el que poder jugar, formarse y crecer lejos de la violencia. 

La escuela les ofrece herramientas para protegerse, atención psicosocial para superar los traumas ocasionados por la guerra, alimentación diaria y un espacio de convivencia, de seguridad y de paz para sus vidas.

La educación es clave para fomentar el diálogo frente al conflicto, la empatía frente a la hostilidad, la acogida frente al rechazo. La educación es fundamental para la creación de una cultura de paz, para construir un mundo más justo y solidario. La escuela es refugio.

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Infancias refuguada Escuelas

A través de nuestros proyectos, atendemos, protegemos y acompañamos a la infancia refugiada y a sus familias y comunidades. Les ofrecemos atención humanitaria, atención psicosocial, apoyo educativo y espacios de juego y convivencia que les permitan recuperar su rutina y acceder a un futuro digno.

Para ampliar esta información, puedes descargar nuestro informe: «Escuelas que construyen paz. Espacios de protección y garantía de derechos para la infancia refugiada»

A continuación te mostramos algunos de los ejemplos del trabajo que realizamos Entreculturas y Alboan en defensa del derecho a la educación en contextos de emergencia:

Desde el estallido de la violencia en República Centroafricana en el año 2013, más de 740.000 personas han cruzado la frontera -sobre todo hacia Camerún, República Democrática del Congo y Chad- en busca de refugio. 

La inestabilidad política y la crisis económica que vive el país ha debilitado los servicios sociales básicos, afectando principalmente al sistema educativo: el acceso a la educación es muy limitado, las infraestructuras son deficientes y la calidad de la educación es muy baja. Esto provoca un elevado índice de deserción escolar que hace que los niños, niñas y adolescentes se enfrenten a realidades de reclutamiento por parte de grupos armados, delincuencia, explotación sexual, matrimonios precoces y forzados o violencia física y psicológica.

En este contexto, junto a JRS, trabajamos en la región de Bria para reforzar 6 escuelas y lograr que se conviertan en verdaderos espacios de acogida y protección. Abordamos también la formación del personal docente para que puedan impartir una educación más cualificada, al tiempo que fomentamos actividades de apoyo psicológico y talleres de primeros auxilios en las escuelas.

La República Democrática del Congo sufre una de las crisis humanitarias más grandes y complejas del mundo. Es el país con más población desplazada interna del continente africano y se encuentra entre los países menos avanzados del mundo con más de un 82% de la población viviendo bajo el umbral de pobreza absoluta.

La violencia persistente desde hace más de 20 años ejercida por los grupos armados ya ha forzado a más de 5 millones de personas a abandonar sus hogares.

Miles de escuelas han sido destruidas y casi 3 millones de niños y niñas tienen necesidad urgente de educación. Los niños son especialmente vulnerables al reclutamiento forzoso por parte de grupos armados y las niñas son muy susceptibles de sufrir violencia sexual, tanto en la escuela como de camino a clase, y de ser secuestradas por las distintas milicias para que luchen, realicen labores de cocina o para forzarlas a casarse con los miembros de los grupos armados.

Junto al JRS trabajamos para fomentar el acceso a la educación de los niños y niñas desplazados, ofreciendo una atención especial a las niñas. Les ofrecemos material escolar, kits pedagógicos y apoyo financiero en las tasas escolares. La escuela es, no solo un espacio de formación, sino también de protección, de apoyo y de convivencia.

Más de 7 millones de personas se han visto obligadas a abandonar Ucrania hacia países fronterizos como Polonia, Hungría o Rumanía. Dentro de Ucrania, también son cerca de 7 millones las personas desplazadas. Desde que comenzó la guerra, decenas de escuelas al día han sido atacadas o utilizadas militarmente, dejando a los niños y niñas sin su espacio de juego, de formación y de seguridad.

Desde el primer momento, Entreculturas y Alboan activamos nuestro protocolo de emergencia para poder estar a su lado y ofrecerles atención, acogida y acompañamiento. Además de refugio, alojamiento y alimentación, trabajamos para que sigan teniendo acceso a la educación, a esos espacios de seguridad y de paz. Por eso hemos desarrollado las aulas amigables, que son aulas creadas en escuelas y guarderías de los países de acogida que favorecen la integración de la infancia refugiada ucraniana. Son espacios donde pueden jugar conjuntamente de forma libre y que les aporta una gran dosis de normalidad a sus vidas. Contamos para ello con madres ucranianas que son profesoras y dedican este tiempo de forma voluntaria. 

Con adolescentes y jóvenes estamos llevando a cabo actividades artísticas de todo tipo como visitas al zoológico, teatro o danza y cursos de idioma para facilitar la comunicación y la integración. Acompañamos también a docentes de los países de acogida para que puedan gestionar la inclusión de los niños y niñas refugiados. 

Potenciamos y apoyamos, además, que los niños y niñas refugiados puedan seguir sus clases en Ucrania de forma online. Les ofrecemos conexión a internet y tablets para que puedan conectarse, además de útiles escolares y otros materiales.

Hace ya 11 años que comenzó la guerra en Siria, un conflicto de consecuencias devastadoras para la población, especialmente para los más pequeños. Más de 12.000 niños y niñas han perdido la vida o han sufrido heridas a causa del conflicto. En muchas ocasiones los niños han sido víctimas de reclutamiento forzoso y las niñas se han visto forzadas a caer en redes de prostitución.

La situación de la educación en el país es dramática. Las escuelas y universidades han sido atacadas de manera reiterada, 1.584 hasta la fecha, y las tasas de abandono escolar son muy elevadas. La situación en las escuelas que han seguido funcionando es deplorable: aulas hacinadas, poco profesorado, incapacidad de impartir una enseñanza adecuada debido a los traumas del profesorado y del alumnado.

Líbano cuenta con la peculiaridad de acoger a un volumen de personas refugiadas sirias que equivale a una cuarta parte de la población del país. La debilidad de las infraestructuras y la escasez de recursos para hacer frente a un flujo de refugiados tan significativo, las explosiones de agosto de 2020 en el puerto de Beirut, la pandemia del coronavirus y la situación a nivel político han sumido a gran parte de la población local, junto con las personas refugiadas, en una situación de vulnerabilidad que ha provocado tensiones y violencia entre la población refugiada y la receptora. Más de 300.000 niños y niñas refugiados siguen sin escolarizar

Junto al JRS llevamos implementando desde 2012 programas para la atención y acogida de personas refugiadas en Líbano. Nuestros programas educativos están focalizados en educación preescolar, educación primaria y apoyo escolar tanto en zonas urbanas como rurales.

Trabajamos junto con los menores y sus familias para hacer posible que los niños y niñas puedan acceder a una educación de calidad y puedan, en la medida de lo posible, ingresar en el sistema educativo libanés. Además, trabajamos en las comunidades de origen y en las refugiadas para construir paz y fomentar la convivencia.

Tanzania acoge actualmente a más de 248.000 personas refugiadas, la mayoría procedentes de Burundi y de República Democrática del Congo. El 55% de esa población es menor de 17 años y poco más de la mitad está escolarizada. La guerra tanto en Burundi como en la R.D. del Congo, ha privado a 57.142 niñas y niños del derecho de ir a la escuela.

En los campos de refugiados de Tanzania vive un gran número de niños y niñas que presentan algún tipo de discapacidad física o mental, no encontrando cifras oficiales. La discapacidad está ausente de los enfoques de trabajo de los actores humanitarios en estos campos.

Junto a JRS estamos trabajando desde 2021 para la inclusión de estas niñas y niños con necesidades especiales, ofreciéndoles equipamientos idóneos para facilitar su aprendizaje  (gafas, aparatos acústicos y sillas de ruedas, entre otros), formando al profesorado en capacidades pedagógicas y sensibilizando a la comunidad sobre los derechos de las personas con necesidades especiales. 

Desde 2022 también estamos comprometidos en el fortalecimiento de la educación infantil, tanto de la población refugiada como de la comunidad local. Apenas el 21% de los menores accede a los centros de preescolar, limitando las oportunidades de relacionarse con otras niñas y niños en un ambiente seguro y desarrollando aquellas habilidades sociales necesarias para su crecimiento y para hacer frente a los traumas vividos a raíz del desplazamiento.

Se calcula que más de 7 millones de personas venezolanas han salido del país durante las dos últimas décadas. El 85% se está quedando en los países de la región, como Colombia, que está intentando responder a nivel regional con esfuerzos articulados de ayuda humanitaria. Sin embargo, las cifras son tan grandes que han generado una presión insostenible sobre los recursos y servicios públicos nacionales. En la frontera central con Colombia, la ciudad de Arauca, con una población de casi 90.000 habitantes, cuenta con casi 37.000 personas refugiadas venezolanas, lo que está generando situaciones de tensión y conflicto.

Ofrecemos atención humanitaria integral para el bienestar físico y psicosocial de las personas refugiadas, distribuyendo bienes y servicios de primera necesidad, acompañamiento psicosocial para la sanación, y orientación jurídica y apoyo legal.

Junto al JRS LAC (Servicio Jesuita para los Refugiados en Latinoamérica y Caribe) trabajamos para ofrecer acceso a la educación a los niños y niñas refugiados y para fortalecer espacios protectores y de prevención, tanto en instituciones educativas como a nivel comunitario, que les permitan alejarse de dinámicas de violencia y ser constructores de paz.

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